La brecha digital: un problema de acceso…y de habilidades
La brecha digital es uno de los conceptos más extendidos en la Sociedad de la Información. Las políticas tecnológicas de los países están enfocadas en erradicarla basándose en unos indicadores de acceso principalmente. De esta manera, se entiende que se logra el desarrollo de la Sociedad de la Información ha medida que más personas, empresas y administraciones, poseen Internet y sus contenidos se encuentran online. Sin duda alguna es la primera piedra en la que hay que centrarse y en la que ya mucha gente trabaja en ello.
Yo quiero ir un poco más allá, aún cuando esta primera brecha sigue siendo lo bastante grande, y empezar a analizar lo que se va a convertir en otra brecha que habrá que “tapar” y que se hará más acuciante cuando la Sociedad del Conocimiento se desarrolle en base a un modelo 2.0: las habilidades.
Aunque suena paradójico, en una sociedad donde el conocimiento es la base de la productividad, el conocimiento individual no es lo importante, pues éste es muy pequeño en comparación con la totalidad. Lo importante son las habilidades para encontrar y compartir el de los demás y tener las capacidades de creación de valor a partir de ellos.
De esta manera, es necesario dirigir los recursos en lograr potenciar en los ciudadanos y empresarios esas habilidades activas necesarias en la Sociedad del Conocimiento. A este respecto, creo que la adapatación del modelo universitario al Espacio Europeo (EEES) se va a convertir en una oportunidad de indudable valor para desarrollar este modelo de profesionales y ciudadanos. Esta presentación de Juan Freire me parece clave para entender el camino a seguir. Sin duda alguna, todo un reto.
Usando un simil tecnológico muy apropiado de lo 2.0, en la Sociedad del Conocimiento lo importante no es el disco duro sino el ancho de banda de la conexión.
La importancia de la distribución de la participación
Ayer terminé el post argumentando que una vez que tengamos el modelo adecuado para saber cómo valorar las redes 2.0 y sus nodos, atendiendo a la aportación de éstos al objetivo de la red, es cuando de verdad podríamos hacer estudios y valoraciones que tuviesen una repercusión en el sector social o económico que se trate.
Uno de los estudios que se me antojan más interesante es cómo se distribuyen los nodos atendiendo a su aportación. Los nodos que aportan conocimiento y productividad en la red son aquellos que participan, de una manera u otra, y se muestran activos atendiendo a una serie de indicadores que cada red optará por seleccionar.
A falta de casos concretos, es interesante empezar a analizar los datos que existen de la participación en Internet. Julen ha escrito ya varias veces sobre ello.
Parece ser que la participación online seguirá distribuyéndose en base a la ley de potencias, al igual que ocurre en la mayoría de los entornos offline (ejemplos son las aplicaciones de la Ley de Zipf, el Principio de Pareto,…). Esto quiere decir, que seguirá concentrándose la participación en unos pocos, manteniéndose una multitud silenciosa e inactiva.

Pero en un sistema organizdo en red y, sobre todo, autoorganizado mediante la particiapción de sus miembros, ¿cómo influye esta distribución en su desarrollo?
A mi entender, lo importante es poner los mecanismos adecuados para que la inercia del sistema no sea la que incida en la concentración y atenuar ésta lo máximo posible. No creo que haya que incentivar por sí mismo la participación de las minorías si éstas no lo desean (a nivel de personas) o no tienen capacidad competitiva para ello (a nivel de empresas). Lo importante es eliminar las imperfecciones del mercado que se originan en un sistema de red y que se asocia la conexión preferencial de los nodos que van siendo más grandes (propias de las redes libres de escala, en contraposición de las redes distribuídas). Es decir, hay barreras de entrada para usuarios (personas y empresas) a medida que la red crece. Y es ahí donde hay que poner mecanismos que impidan la concentración por el mero hecho del crecimiento de la red.
Ahora bien, independientemente de la distribución que se tenga en la participación, lo que si es necesario para que el sistema 2.0 que se autoorganiza en red online tenga incidencia en la realidad offline, es que los usuarios que aporten la mayoría de la participación se distribuyan como una normal en referencia a la verdadera población. Es decir, que aunque sean pocos los que sean activos y desarrollen la red, éstos sean una imagen representativa lo más fiel posible al resto de usarios. Obviamente aquí entran en juego dos temas que habría que analizar por separado si queremos que las redes 2.0 sean verdaderamente transformadoras del entorno social y económico: la brecha digital y la neutralidad de la red.
Pero, ¿cómo influye la distribución de la participación de los nodos en un ecosistema como turismo 2.0?
Si tenemos en cuenta que el sistema en red premia y redistribuye los ingresos atendiendo a su aportación de conocimiento en la productividad de las empresas, tenemos que logra una mejora del reparto de rentas turísticas en más manos atendiendo a su verdadera aportación a la productividad y no a presiones del mercado. Es decir, se logran eliminar muchas de las imperfecciones típicas del mercado tal y como lo conocemos hasta ahora y mejora la sostenibilidad económica de las regiones. A nivel empresarial, el estudio y segmentación de las tipologías de los participantes, llevarán a las empresas y a los destinos turísticos a realizar acciones de marketing mejores definidas, más personalizadas y más eficientes.
El valor de las redes 2.0
Quizás es la ley de Metcalfe la más conocida sobre el estudio de redes y la que en muchos casos y foros se le hace mención cuando se quiere explicar el fenómeno 2.0. Viene a decir:
“El poder de una red se incrementa exponencialmente por el número de computadoras conectadas a ella. Por ende, cada computadora que se anexa a la red añade sus recursos y hace uso de los ya disponibles en un espiral que aumenta el valor y las opciones”.
Briscoe, Odlyzco y Tilly publicaron un artículo en 2006 en el que quitaban toda validez a la Ley de Metcalfe para su uso en la Web 2.0 y, a su vez, proponían otra ecuación que se pudiese utilizar para el cálculo del valor de las redes sociales de Internet según su crecimiento:
“el valor de una red con n nodos no es el cuadrado de n, sino n veces el logaritmo de n.”
Se basan en la afirmación de que no todos los nodos y conexiones se comportan de igual manera, y se apoyaron en la Ley de Zipf (una ley de potencias) para su postulado.
Ante esto, me gustaría matizar dos cosas:
*La ley de Metcalfe (1980) fue formulada principalmente como una forma de establecer la existencia de un punto de equilibrio entre los costos y el valor (umbral de masa crítica), donde antes de este punto, no se obtienen ganancias netas. La idea es sobrepasar ese punto, establecer la masa crítica. Es importante recordar que la teoría que formulaba Metcalfe se correspondía con dispositivos compatibles para comunicarse, no usuarios. Fue Gilder (1993), quién a su vez le dio el título de Ley de Metcalfe al enunciado de éste en 1980, el que introdujo el término usuario. Si bien también Gilder en el mismo artículo hacía referencias sólo a máquinas. En ese sentido, no se puede decir que la Ley de Metcalfe sea errónea en ningún momento, pues se está usando para algo y sobre un modelo para el que no fue concebido. Siempre que se ha usado para redes de telecomunicaciones, el enunciado de Metcalfe no ha fallado.

*Si bien no hay una demostración clara de que la propuesta de la función logarítmica de Briscoe, Odlyzco y Tilly corresponda con la realidad, sus conclusiones argumentales si se adaptan de mejor manera a la realidad de la Web 2.0, aunque luego mantienen un estándar de comportamiento igual para todos los miembros que a mi modo de ver no debe ser el reflejo correcto de todas las situaciones.
Así, ¿de qué manera podemos calcular el valor de las redes sociales 2.0 y de sus nodos? ¿Son el número de nodos lo más importante? ¿Son las propias conexiones o enlaces lo más importante? ¿O es necesario fijarnos en otras características diferentes a cada red atendiendo a su finalidad?
En redes sociales 2.0, donde no existen barreras de entrada ni de salida para formar parte de ellas, el siemple hecho de valorar una red por el número de nodos (usuarios) que se tenga me parece casi desacabellado. Cualquier usuario puede registrarse en tantas redes como desee, sin que ello implique más que un simple, y muy simple, dato estadístico para los gestores. No implica que sea un usuario activo ni participativo ni que aporte valor. No se le debería de dar una importancia más de la que tiene y menos hacer ningún cálculo en base únicamente a ese número.
Hacer el cálculo y estudio de las redes en base a la estrcutura y número de conexiones sí empieza a tener un significado mayor. Es importante empezar a tener en cuenta para sucesivos estudios, cómo está organizada la red según sus conexiones. No obstante, esas conexiones no deben de ser la finalidad, sino tan sólo el medio de conseguir el objetivo. (a menos que el objetivo de la red sea ese).
Una vez más tenemos que las redes sociales dentro de lo 2.0 se deben de concebir con una finalidad y objetivo, para que ello realmente sea trascendental a nivel económico y social. Por esto, es necesario valorar los nodos y las redes atendiendo a la aportación de éstos a la consecución del objetivo. Es en ese momento cuando podemos empezar a valorar lo trascendente de esa red y si realmente se comporta como un transformador de la realidad, tanto online como offline.
Llevando este concepto a nuestro modelo de turismo 2.0, donde el saber de todos es el que va a organizar y mejorar la estructura productiva del sector, es necesario poner indicadores que puedan medir cómo repercute la aportación de conocimiento de cada nodo en la productividad de las empresas y, por consiguiente, del ecosistema. Con esos datos, podremos comenzar a hacer estudios y valoraciones de la verdadera repercución de la red en el sector y de la distribución de la participación.
¿Quién manda en las redes sociales?
Acabo de leer el post de Juan J. sobre las comunidades de marca y el tema que trata es importantísimo y de suma importancia en el futuro. No me cabe la menor duda que casi todo se desarrollará en redes, lo cual no quiere decir que no tenga aspectos negativos.
Hay que ir trabajando en ellas y mejorándolas según se vayan detectando las imperfecciones. Como dice Juan J., se corre un riesgo de que las redes sociales formen comunidades que tengan más peso específico del que les correspondan y puedan desvirtuar la verdadera naturaleza de la organización en red. Argumenta también que se pueden originar comentarios y conversaciones de las empresas y hay que estar al tanto de todas ellas. No le falta razón.
De esta forma, lo mejor que puede hacer la empresa es llevar la red social a su “casa” y ser ella una pieza también activa en esa red. Pero como uno más, escuchando y opinando.
Y no sólo las empresas, también y con más motivo, los propios destinos turísticos. Es decir, el implemento de sistemas de redes sociales en cada web de las empresas y destinos es crucial para mantener este contacto y conversación.
Se que muchos pensarán, pero es absurdo que un establecimiento pequeño tenga un sistema de red. ¿Qué usuario va a entrar en su web y formar un red? Si yo quiero comentar, lo hago en sistemas más genéricos. Pues bien, ese es uno de los grandes beneficios de las aplicaciones basadas en Web y el uso de los sistemas de software como servicios y no como productos. Cada empresa y destino puede tener su propia red social y empresarial, sin que esa red deje de pertenecer a una superior. Es decir, cada empresa o destino personaliza el sistema y el interfaz que desea y lo implementa en su web, siendo esta uno de los grandes beneficios que proporcionan los sistemas de afiliación que otorgan valor añaido, como en estos días se comentó en el blog de Albert Barra.
Pero en las redes sociales es necesario poner mecanismos basados en autoridades para que la red no se desvirtúe. Pero ojo, a mi entender, autoridades personalizadas (o a lo sumo muy segmentadas). Por ejemplo, el karma de menéame es un indicador de autoridad de la red. Lo que indica que la opinión de un usuario es distinta a la de otro. Me parece bien y lógico porque valora a los usuarios activos. Pero…¿es una autoridad para todos los temas? ¿sólo para unos? cuando consiguió su karma, ¿las noticias se relacionaban con mi perfil? ¿los que votaron sus noticias y ayudaron a aumentar su karma, son parecidos a mi perfil?. ¿No podría haber un karma segmentado? ¿o personalizado atendiendo a la búsqueda en concreto que se quiera hacer?
Es decir, es necesario que la fuerza de cada usuario en la red no sea genérica, sino aquella que te da cada usuario en momentos concretos. Y esa información debe estar disponible para que los otros usuarios puedan filtrar por donde mejor crea que se adaptan.
Las redes sociales no necesitan de las autoridades para que se obtenga un sólo resultado único para todos (estaríamos en lo de siempre, aunque la solucion se haya adoptado de otra forma), sino para poder obtener resultados personalizados para cada uno según el conocimiento de otros. Es evitar, como dice David de Ugarte, que “se genere escasez mediante la formación de un único output igual para todos los usuarios a partir de los muchos inputs que los usuarios incluyen”. Es conseguir generar abundancia, que la red sea más distribuída y dinamizar la “larga cola“. En definitiva, que se evite la concentración y se incentive la personalización y los nichos.
Y eso llevado al turismo se corresponde con sostenibilidad y competitividad para los destinos turísticos.
El papel de las AAVV en el turismo del conocimiento: dinamizadoras de la “larga cola”
En el blog de Albert Barra, que estos días esta tocando temas de mucha actualidad y muy interesantes para el devenir del sector, analistacrm ha dado en el clavo en una pregunta que él mismo se hace: ¿qué aportan las AAVV en un sistema donde entran en competencia con los propios proveedores?. Sin duda alguna, una pregunta interesantísima y de vital importancia para entender los nuevos roles de los distintos agentes.
A mi modo de ver, en un ecosistema donde debe primar la transferencia de conocmiento para que aumente la competitividad y productividad de los destinos turísticos, la distribución directa en torno a un sistema de redes es crucial. Los proveedores y los destinos deben centrar su estrategia en ese sentido si quieren permanecer de manera competitiva y sostenible en una economía basada en el conocimiento.
Pero ojo, esto no quiere decir que las AAVV deban desaparecer. Ni mucho menos. De hecho, soy un firme convencido que van a jugar un rol muy importante en este nuevo escenario. Importante, pero distinto.
Por la propia definición del negocio de las AAVV, éstas deben ser opacas en la transferencia de conocimiento (motivo por el cual en el modelo del ecosistema, a las AAVV no les puse la coletilla de 2.0. Pero ello no quiere decir que internamente sí puedan comportarse como tal) hacia el resto del sector, dejándolo para su propio negocio (en caso contrario, estaríamos ante un simple interfaz de afiliación de la red de distribución directa).
El sistema de distribución directa, como he comentado anteriormente, debe estar basado en la inteligencia colectiva y usar sistemas de recomendación online que dinamicen la “larga cola” (y evitando rankings o listados que tiendan a su concentración, como reconoce David de Ugarte). Estos sistemas de recomendación online deben estar basados en algoritmos que personalicen lo máximo posible la elección.
Pero hay otra manera de dinamizar la “larga cola”, y es mediante sistemas de recomendaciones offline. Esto es, mediante AAVV. Las agencias de viajes se deben de especializar y conocer al máximo posible los servicios de un destino. Cada vez habrá más compleja y diversa información para ellos a la que poder acceder gracias al ensanchamiento del mercado online (como consecuencia del pleno acceso de las pymes al mismo gracias a la web como plataforma). Deben de elegir entre un abanico mayor, lo que conlleva a una especialziación mayor. Y ahí radica una de sus ventajas competitivas. Las AAVV deben dinamizar la “larga cola”, lo que mejorará la comeptitividad y sostenibilidad de los destinos turísticos.
Además de esta importante función de especialización de las AAVV, éstas van a contar con dos características que, a mi modo de ver, aportarán valor añadido a su función y en la que se deberán de centrar:
*Su marca asociada a la tranquilidad legal que deba aportar al usuario. Normalmente, no es lo mismo comprar con una AAVV reconocida que directamente con los proveedores, por la condición legal que las primeras puedan aportar.
*”Empaquetado dinámico”. Las AAVV son las únicas que van a poder empaquetar de manera conjunta y con precios opacos los servicios de un destino. Los precios opacos deben ser la medida que opten los proveedores para poder adaptarse a las fluctuaciones del mercado y quieran maximizar sus ingresos, sin que influyan en su imagen.
Es decir, si bien los provedores creo que deben centrase en la venta directa como objetivo estratégico, deben usar los precios opacos cuando necesiten aumentar sus ventas y productividad.
A mi modo de ver, aunque se tienda a otro sistema nuevo hasta ahora, las AAVV seguirán siendo una pieza importante en la productividad de las empresas y del sector. Pero tendrán que adaptarse y centrarse en su valor añadido.
¿Por qué un turismo basado en la inteligencia colectiva?
Me van a permitir primero una necesaria referencia teórica sobre el significado de inteligencia colectiva. Si bien hay varias aproximaciones al respecto, me quedaré con la que propuso Pierre Lévi, definiéndola como “…una forma de inteligencia universalmente distribuida, constantemente realzada, coordinada en tiempo real, que conduce a una movilización efectiva de las competencias”.
Desgranando cada una de las afirmaciones de la definición:
• Una inteligencia universalmente distribuida es su axioma principal. “Nadie lo sabe todo, todos saben algo, todo el conocimiento reside en la humanidad. No hay una provisión trascendente de conocimiento y el conocimiento es simplemente la suma de lo que sabemos”.
• Una inteligencia constantemente realzada: La inteligencia es repartida por todas partes, es un hecho, pero se hace necesario ahora pasar del hecho al proyecto pues esta inteligencia a menudo despreciada, ignorada, inutilizada, humillada no es valorada con justeza.
• La coordinación en tiempo real de las inteligencias implica ajustes de comunicación que, más allá de cierto umbral cuantitativo, solo pueden basarse en tecnologías numéricas de la información. Los nuevos sistemas de comunicación deberían ofrecer a los miembros de una comunidad los medios para coordinar sus interacciones en el mismo universo virtual de conocimientos. No se trataría pues solo de concebir el mundo físico ordinario, sino también de permitir a los miembros de colectivos delimitados de interactuar dentro de un paisaje móvil de significaciones. Acontecimientos, decisiones, acciones y personas estarían situados en los mapas dinámicos de un contexto compartido, y transformarían continuamente el universo virtual dentro del cual toman sentido. En esta perspectiva, el ciberespacio se convertiría en el espacio inestable de las interacciones entre conocimientos y conocientes de colectivos inteligentes deterritorializados.
• Conducir a una movilización efectiva de las competencias: Si se quiere movilizar competencias habría que identificarlas. Y para localizarlas hay que reconocerlas en toda su diversidad. Los conocimientos oficialmente validados solo representan hoy una ínfima minoría de los que son activos. Este aspecto del reconocimiento es capital porque no tiene solo por finalidad una mejor administración de las competencias en las empresas y los colectivos en general, posee también una dimensión ético-política. En la edad del conocimiento, no reconocer al otro en su inteligencia, es negar su verdadera identidad social, es alimentar su resentimiento y su hostilidad, es sustentar la humillación, la frustración de la que nace la violencia. Sin embargo, cuando se valoriza al otro, según la gama variada de sus conocimientos se le permite identificarse de un modo nuevo y positivo, se contribuye a movilizarlo, a desarrollar en él, en cambio, sentimientos de reconocimiento que facilitarán como reacción, la implicación subjetiva de otras personas en proyectos colectivos.
En una sociedad, que como sabemos es cada vez más compleja y súper especializada y donde las personas abarcan un mínimo campo del saber cada vez más pequeño, el concepto de inteligencia colectiva recobra una necesaria trascendencia.
Pero llevemos esto al campo del turismo y pensemos…
…en los destinos que son formados por una alta variedad de servicios, muchas veces desconocidos, de distintas características, clases y valoraciones.
…en esa información que le llega al cliente clasificada y sesgada por unas pocas personas, bajo un sólo criterio que no siempre se alinea con el del cliente.
…en los sistemas donde no se estimula y aprovecha el conocimiento donde de verdad reside y donde de verdad puede implicar cambios en la estructura organziativa de los destinos.
La inteligencia colectiva, gracias a los diversos conocimientos de los usuarios, ayuda a una mejor organización del destinos (basada en categorizaciones flexibles, folksonomía), a un mejor orden de la misma basada en valoraciones de calidad, a una mejor información basada en comentarios y en multimedia de los usuarios,…y todo ello modificando y retroalimentando el sistema de distribución, lo que hace incidir de manera directa en la productividad del sector.
El fenómeno 2.0 son personas, no código
Desde la conversación del blog de Isaac, ha surgido de nuevo un debate propiciado por estar hablando de cosas distintas cuando nos referimos a lo 2.0.

El hecho que lo 2.0 se haya propiciado en la Web, y por ende se le llamó Web 2.0, no es más que la adopción que se ha otorgado a Internet como el medio que va a propiciar los mayores cambios sociales y económicos de la sociedad de la información y el conocimiento.
“La Galaxia Internet”, de Manuel Castells, es una lectura que recomiendo para entender todas estas transformaciones económicas y sociales.
Internet desde su nacimiento tenía y tiene como objetivo el actual. El ser la red de redes por excelencia que permita todas las transformaciones sociales y económicas que se deban llevar a cabo. Obviamente la tecnología tiene un límite y un proceso normal de evolución y desarrollo. La adopción de los móviles como multimedia, el aprendizaje de la sociedad, la incoporación de jovenes a las edades decisorias, la extensión de la banda ancha,…y el uso de tecnológias ligeras como AJAX, han propiciado que ahora se pueda empezar el despegue social de una manera más radical que se empezó en 1995 y convertir a Internet en el esqueleto y escenario central de la economía del conocimiento.
Si bien en un principio las definiciones de la Web 2.0 en base a la primera explicación de O´Reilly se enumeraron en base a AJAX y a la tecnología que propiciaba estos cambios, creo que ya es cada vez mayor el concenso de lo que se está hablando. Y es, a mi entender, la revista Time la que mejor lo define nombrando como persona del año a todos nosotros que estamos propiciando estos cambios: el fenómeno 2.0 son personas, no código.
La importancia de las minorías: la “larga cola” del turismo
Fue Chris Anderson, redactor jefe de la revista Wired, el que en 2004 introdujo y popularizó el término y concepto “The Long Tail”.
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En su artículo, viene a relatar la diferencia que existe entre la distribución en el mundo offline y la distribución online.
Señala que la distribución offline, se ha visto obligada a fijar su tendencia en la venta de los hits e ítems más populares, debido a las limitaciones logísticas del espacio y del marketing. Alega que si en el siglo XX dominó una economía de masas, en el siglo XX, gracias a Internet, surgirá una economía de nichos.
Si la distribución normal del mundo offline sigue la regla de Pareto basada en la ley de potencias, que generan un efecto centrífugo (concentración en pocos casos del volumen) que se ve reforzado por la dinámica de la oferta en el mundo físico (la escasez de espacio y los costes de distribución) que fuerzan el corte prematuro de la cola, el surgir del canal online, gracias a no tener prácticamente costes de distribución ni marketing, permitirá el acceso de las minorías (antes en muchos casos descatalogadas y no vendidas por el sector) al mismo canal de distribución. Y ello, a su vez, conseguirá aumentar el mercado de la industria.
El trabajo de Anderson se basó en la comprobación de los principales artículos que se vendían en las tiendas offline, y que les aportaban la mayoría de los ingresos, con las que se hacían en las tiendas online, como Amazon. Comprobó que los artículos que prácticamente ni aparecían en las ventas offline, copaban más de la mitad de las ventas en las tiendas online. Es decir, el nuevo modelo permitía dar entrada a las minorías: la larga cola.
El autor describió cómo en el nuevo modelo coexistirán aún los grandes Hits, para un público de masas, y la larga cola, para un segmento de nichos. Todo ello gracias al ensanchamiento del mercado gracias a que Internet ha quitado las barreras físicas y los costes de marketing.
Anderson en su trabajo no comenta cómo se distribuyen las ventas en el mundo online, pero deja entrever que si bien se mantiene la ley de potencias, ésta será menos concentrada en unos pocos artículos. Ello gracias a que el modelo de distribución digital y el efecto de los filtros colaborativos generan un efecto centrípeto (mayor dispersión del volumen), que sin quebrar la ley de potencias, si genera un volumen significativo en la cola.
A su vez, estableció las tres reglas para la nueva economía del entretenimiento:
• Hay que hacer que todo esté disponible: no importa que no se corresponda con los cánones tradicionales, hay que poner todos los productos en el mismo canal y ellos encontrarán un comprador. No hay que perder el tiempo haciendo grandes investigaciones de mercado y marketing. En la nueva economía, es más costoso evaluar que lanzarlo.
• Hay que rebajar el precio a la mitad: hay que establecer los precios acordando a los costes de la distribución digital, no la tradicional física. Hay que obviar los costes de marketing y distribución. Esto es una de las cuestiones que permitirán que la gente compre más y el mercado crezca con la entrada de la larga cola. La larga cola deberá tener menos costes que los Hits, pues no tienen los costes relacionados con el mundo offline que encarecen el producto. Hay que hacer que los consumidores entren en la larga cola gracias a los bajos precios.
• Hay que ayudar a encontrar los artículos de la larga cola: herramientas que ofrecen inteligentemente artículos relacionados según las compras de otros usuarios, o según su perfil, son las más adecuadas. Amazon, con su “clientes que compraron esto, también compraron este otro”, y las ventas relacionadas, ha sido uno de los pioneros de usar las herramientas inteligentes para acercar la larga cola y hacerla conocida a los usuarios. Es decir, el sistema de recomendaciones es muy importante para generar tráfico en la larga cola. Los clientes pueden entrar buscando los grandes Hits, pero estos ayudarán a su vez a dinamizar la “larga cola” gracias a las recomendaciones
Pues bien, salvando la diferencia que tiene el mercado de servicios, llevemos esto al sector turístico y analicemos la importancia de “digitalizar” a todas las empresas y darles acceso al mundo online. Empezaríamos a tener un turismo de nichos con aquellas estrategias de diferenciación y personalización que tanto se nombran en todos los planes estratégicos de todos los destinos turísticos.
¿Por qué un mercado formado por redes sociales empresariales?
Mucho ya se ha hablado de la economía en red y cómo el uso de este tipo de organización va a permitir adaptar a las empresas, y sobre todo a las pymes, a una economía basada en el conocimiento. Es bastante reconocido ya esta necesidad de cooperar y formar redes empresariales. Y más en un sector como el turismo donde la competitividad de una empresa, puede arrastar al resto del destino, siendo muchas veces la satisfacciónn final del cliente un compuesto agragado de todas (y no siempre simétricamente entre las partes).
Pero, ¿y a qué viene ahora incluir redes sociales en las redes empresariales? Primero obviamente porque las empresas son gestionadas por personas (suena a obvio pero…).
Pero ¿quiere una empresa conversar con sus clientes y formar una red social? ¿Y poder complementarse y participar con redes sociales de otras empresas? ¿Sabes qué es eso?
¿Todos mis clientes ahí hablando entre ellos, pasándose fotos, comentarios,.. sin que yo las filtre? ¿O que conversen directamente con mis empleados? ¿Que puedan formar parte activa en la gestión? Vamos, una cosa es que te ponga un buzón de sugerencias y otra que tu aportación vaya directamente al sistema de gestión. ¿Y que conversen con…la competencia? ¿Y en mi casa?
Ahhh, que yo también puedo entrar en esa conversación… ¿Y escucharles? Mmm, ¿sabré hacerlo? La verdad es que más orientado al cliente (interno y externo) no podría estar….
Pues sí, la nueva sociedad y la nueva economía pide un modelo de negocio distinto basado en las personas y en su conocimiento. Los mercados pasan a ser conversaciones (aquí la versión resumida en castellano de las 95 tesis del Manifiesto del Tren de Claves): conversaciones internas dentro de la empresa y externas con su sector económico. Pero conversaciones entre personas, de tú a tú.
En la época actual de Internet querer obviar algo, pensar que si no le digo una cosa al cliente o le engaño no se va a enterar es sencillamente no saber en qué mundo vivimos. Puedo cerrar los ojos o mirar para otro lado….pero la conversación se va a dar quiera yo o no. Y lo que es peor, esté yo presente o no. Así que mejor estarlo y, si puede ser en mi casa, mejor que mejor.
Turismo 0.0 - 1.0 - 2.0: esquema comparativo
La definición de lo 2.0 desde el principio que fue nombrado, lleva emparejado la comparativa con los estadios anteriores. En concreto, O´Reilly usó por primera vez el término Web 2.0 en contraposición con la que llamó Web 1.0. Para seguir usando la misma terminología, y dejando claro lo que entiendo por lo 2.0, creo necesario echar la vista atrás a los estadios de la industria turística e, igual que he querido proponer el ecosistema de la economía del conocimiento basado en redes como turismo 2.0, intentaré caracterizar las épocas pasadas en base a la misma terminología, a fin de que pueda ser más fácil el entendimiento y comparación.
De esta manera podemos entender por turismo 0.0 aquel previo a la sociedad de la información y caracterizado por el turismo de masas. Este árticulo de la UOC refleja en una visión general el paso de ese turismo de masas hacia otro al que podríamos llamar 1.0 y que sería aquel desarrollado en la Sociedad de la Información de una manera unidireccional en su flujo de comunicación y gestión principalmente. Como comenté en el post introductorio, es Buhalis posiblemente (y a mi parecer) el autor que más y mejor ha desarrollado el modelo óptimo de los destinos y las pymes en la Sociedad de la Información a través de lo que él denominó Destination integrated computerized information reservation management systems (DICIRMSs) en sus papers publicados y que posteriormente recogió en el libro e-tourism.
Esa propuesta teórica de Buhalis es mi punto de partida para la creación del turismo 2.0, a raiz de la aplicación de lo 2.0 a los DICIRMSs.
Sin entrar en más detalles, propongo un simple y abierto esquema comparativo de distintas variables estratégicas del turismo (a nivel general y en las pymes en concreto) y su comportamiento en los distintos estadios (Javier García escribió un interesante esquema comparativo entre travel 1.0 y travel 2.0, quizás con una orientación distinta a la que quiero darle yo, aunque a mi entender muy correcta y acertada). Las características que defino y brevemente comento en turismo 2.0 y pymes 2.0 las iré justificando en los sucesivos posts.


